«El amor llega y se va solo, no intentes desenamorarte pues es sumamente imposible ya que siempre queda un rincón de tu corazón dedicado a ese chico.»
Aún recuerdo el primer día que te vi, y también el segundo...
Esa tarde estaba aburrida en el patio de la casa, deseando verte. Aún no había visto a mis amigas de verano y tenía bastantes gana, pero no sabía si ya habían llegado de Córdoba...
Entonces llegaste junto a mi primo, montados en tu bicicleta. Bajaron y tu te quedaste en la puerta, a mi lado mientras mi primo entraba a por el móvil. Saludaste con una sonrisa que me mató. Cuando mi primo salió, mi abuela impidió que os fuerais.
-¿Están las amigas de tu prima en el callejón? -preguntó mi abuela.
-Si. -respondió mi primo.
-¿Vienes? -me preguntaste.
-Claro.
Me levanté y salimos al pequeño callejón en la que la casa de vacaciones estaba situada. Volviste a montarte en la parte de atrás de tu bicicleta y antes de que mi primo pudiera comenzar a pedalear, le dijiste:
-¿Vas a dejar a tu prima sola? -preguntaste.
-No le va a pasar nada.
Me giré y comprobé que mi abuela había cerrado la puerta para que no entrara nadie mientras se echaban la siesta. Cuando volví a mirar hacia delante, estabas a mi lado mientras mi primo pedaleaba en tu bicicleta. Estabas tan cerca mía que nuestros brazos se tocaron un par de veces y sentí muchas cosas... Me pareció increíble que te bajaras de tu propia bicicleta en un recorrido de 10 segundos. Cuando llegamos al otro callejón donde solía estar con mis amigas, me alejé de ti para saludarlas. Mi primo aún no había llegado así que supuse que habría dado la vuelta para entrar correctamente. Cuando volvió llevaba un balón con el que ustedes se pusieron a jugar.
Cuando el balón se acercaba a mi y a mis amigas salían corriendo mientras yo permanecía quieta en mi sitio. En una ocasión mi primo le dio un poco fuerte a la pelota que venía dirigida a mí, pero tu te interpusiste y te dio en el pecho, me salvaste de un pelotazo en toda mi boca ¿cómo agradecerte eso? Más tarde la pelota se acercaron a mis pies y te la mandé a la otra punta del callejón, donde te encontrabas. Te acercaste a mí, me pusiste la mano en el hombro y me dijiste:
-Buen tiro.
Luego me guiñaste el ojo y te marchaste en la bicicleta con mi primo mientras yo me dirigí en sentido contrario hacia la casa en la que pasaba las vacaciones...
Al día siguiente fuiste a la playa con nosotros y no te quisiste bañar porque el agua estaba muy fría y era cierto... Más tarde mi tía dijo:
-¿Por qué no te vas con ellos al agua?
Y sí, fui estúpida. Me quedé sentada en la arena mientras veía como ustedes se divertían. Pero luego te gané al tenis de playa. ツ
No hay comentarios:
Publicar un comentario