Lectores

11 de diciembre de 2012

-¿Qué es lo que más quieres del mundo? +Poder desahogarme. ¿Y tú? -Decirte cada día que te amo.


Tumbada en mi cama con los cascos puestos, descansaba del largo día. 

«Piensa que la vida es el principio, piensa que la muerte es el final. Oh, oh. Vive cada día convencido de que todo puede mejorar. Sueña que la vida es un instante, sueña que la muerte es un despertar. Vive con los sueños en tu mente, no los dejes nunca escapar, no los dejes escapar, no los dejes escapar, no los dejes escapar, no los dejes escapar, no los dejes escapar, no los dejes escapar, no los dejes escapar, no los dejes escapar, no los dejes escapar, no los dejes escapar y mira hacia delante, nunca dejes de soñar y verás si serás grande; dando todo a veces no se consigue nada, pero nada ya es algo así que lucha y da la cara. Oh... Oh... Oh... Oh... Oh...» Sonaba la música de Endecah en mis cascos.
Algo iba mal y no sé como arreglarlo. La música me ayuda a pensar. De repente una idea llegó a mi cabeza. Rápidamente me levanté de la cama y cogí un cuaderno y un bolígrafo. Comencé a escribir mi vida, pero de un modo más artístico. No en forma de canción. A veces no sabemos como desahogarnos y no podemos pensar con claridad. Fui escribiendo más y más. Llené una hoja, dos, tres... Creé una especie de novela, sobre mí.

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