HooLaa. Hoy os traigo un relato:
Almas Gemelas
La biblioteca estaba desierta, solo unos cuantos de niños y varios
adolescentes estaban leyendo. Nadie en plena tormenta suele ir a un
edificio a coger un libro para entretenerse. Cogí un libro titulado La
Casa de Cristal y me senté en una mesa para leer. Estaba concentrada
leyendo y no noté a nadie retirar la silla de la mesa para sentarse,
solo noté que tiraba de la manga de mi camiseta.
-Perdona, ¿tienes hora? -Preguntó en un susurro.
-Las doce y veinte. -Respondí.
Continué leyendo, pero enseguida me volvió a interrumpir.
-¿Eres del Madrid?
-Si, pero no te interesa. -Respondí.
Era un chico bastante guapo. Sus ojos marrones estaban posados en mi. Me
levanté para dejar el libro en su sitio tras terminar de leerlo.
-Espero volver a verte. -Dijo.
Sin prestar mucha atención salí de la biblioteca, mi única intención era
alejarme un poco de mi hermano y su repetitiva pregunta. Recordé que
mamá me dijo que le comprara unas cosas así que me dirigí al
supermercado. Mientras compraba se me vino a la cabeza una imagen, un
rostro masculino. El pelo era castaño, unos labios rosados y los ojos
marrones claros. El chico de la biblioteca y del metro. Sacudí la cabeza
para sacar la imagen, pero era imposible. Lo volví a ver en el metro,
pero estaba lo suficiente lejos para no poder entablar conversación. Al
bajar me di cuenta de que las escaleras de la parada no eran mecánicas y
tendría que subir andando con las cinco bolsas.
-¿Te ayudo? -Otra vez su voz, ¿acaso me seguía?
-No hace falta. -Respondí.
-Insisto.
Cogió las bolsas y me las subió, era servicial, guapo y fuerte. Se
despidió y montado en un skate se alejó. A mitad de camino comenzó a
llover y abrí mi paraguas. Mi rubia melena se mojó un poco, pero no
mucho. Al pasar por delante de una casa su imagen volvió a mi cabeza. Y
lo volvía a tener a mi lado, bajo mi paraguas. Sentía un cosquilleo en
el estomago, ¿me había enamorado? Nunca me había enamorado, tampoco he
tenido novio.
Al día siguiente, me lo encontré a la entrada del instituto. Las puertas aún estaban cerradas.
-Rikki, ese chico de ahí. Creo que me gusta. -Dije.
-¿Tu enamorada? Eso es nuevo. -Dijo.
-¿Acaso no puedo enamorarme?
-Tía, es mi primo. Es nuevo.
-¡Hala!
-Anda hola prima. -Dijo acercándose a nosotras. -Pero si tu eres la de la biblioteca.
-Si... -Respondí.
Rikki había tenido que irse por que estaba enferma y en el recreo me
quedé sola. Sentada en las gradas de la pista observando a los chicos
jugar al fútbol, pero él brillaba por su ausencia.
-Hola, ¿cómo tu sola? -Susurró en mi oído.
-No lo vuelvas a hacer, ¿oyes? -Dije.
-Lo siento, pensaba que mi prima estaría contigo.
-Se fue, se puso enferma.
-Entonces espero que luego me acompañes a su casa.
¿Qué tenia ese chico que me volvía loca? Era inteligente, pues en
Historia respondió a todas las preguntas correctamente. Entablamos
conversación y mi corazón se aceleró al pronunciar:
-¿No tienes novio?
-No. -Sentí como mi rostro enrojecía. antes de fijarse en el chico.
-Es extraño. Eres inteligente, simpática, tienes carácter y eres guapa.
Acercaba su rostro al mio lentamente. Mis ojos azules posados en sus
labios, los suyos en mis ojos. Nuestras respiración se mezclaron.
Nuestros labios separados por milímetros.
-Te estuve buscando. -Dijo. -Eres mi alma gemela.
Nos fundimos en un beso, mi primer beso. Alma gemela, lo pensé un segundo mientras le besaba. Eramos Almas Gemelas.
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